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—Hero. | H. Hamada.

Mensaje por H. Hamada el Lun Ene 26, 2015 6:48 pm

Hiro Hamada

14 Años

Humano

Japonés

Dueño de Loving Droids

Heterosexual

Hiro Hamada — Big Hero 6
D.PSICOLÓGICA & FÍSICA
"Hola. Mi nombre es Hiro Hamada, tengo catorce años y vivo en Loving Pets. Hoy os hablarán de mí, aunque mi historia tampoco es tan especial... Bueno, vale, eso es mentira. Sí que lo es. ¿Quieres leerla?"

Para la pronta edad de Hiro, su vida se ha visto plagada de eventos inimaginables para las mentes de humanos corrientes y, aunque él crea saber sobrellevarlos y tener un carácter moldeado bajo sus propias decisiones, esto no es del todo cierto. La historia puede pasar factura hasta al más extraordinario de los genios, y su caso lo demuestra.

Con una inteligencia muy por encima del promedio, ya desde muy pequeño sus aptitudes lo hicieron un niño prodigio que destacaba sin planearlo sobre el resto, que se llenaba de halagos y admiración allí por donde iba. Podéis pensar que esto lo llevó a volverse el típico chico arrogante y tendríais razón. Todavía en la actualidad se ven vestigios de lo que fue ese gran ego impenetrable y altanero.

De no ser por su familia, consistente en un hermano mayor, una tía y un viejo gato gordo, siempre preocupada por su futuro tanto profesional como personal, Hiro no se hubiera contenido nunca a la hora de explorar las metas existentes sobre qué podía hacer y qué no gracias a su gran agudeza intelectual y su trayectoria hubiera quedado desviadas hasta ámbitos que es mejor no imaginar. Probablemente estaría en un correccional custodiado y ése hubiera sido su futuro durante los próximos años también.

No es consciente de la realidad que afecta a una gran mayoría, porque para él nada parece ser imposible. Desde conseguir cientos de miles de yenes en una noche apostando de forma ilegal con ingenio, hasta poder ingresar casi sin esfuerzo a pesar de su corta edad en alguna de las mejores universidades del planeta. Tales son sus opciones, y esto, para la mente demasiado joven del ahora recién adolescente, lo aleja de cualquier estilo de vida que requiera empatía o comprensión del auténtico mundo que lo rodea.

Pese a todo, el genio ha logrado crecer conservando algunos aspectos más típicos para alguien común de su edad con los que resulta más fácil lidiar.

Gracias a los dos mayores de los que tuvo ocasión de aprender, en especial su hermano que fue el que dedicó más tiempo en educarlo y limitarle con el toque que sólo la gente más joven tiene para tratar a sus semejantes para que los escuchen y hagan caso, Hiro es un muchacho alegre y vivaz que si bien nunca se ha tomado la vida como algo sobre lo que aprender,  un reto para superarse y lograr grandes sueños y metas o siquiera un mínimo esfuerzo para aguantar un día más, al menos la ha respetado y nunca la dañaría —tanto la suya como la de cualquier otro ente— sin motivos. El objetivo del más mayor era inculcar que sin importar las razones que uno encuentre debería sucumbir y aportar más males al planeta, pero la terquedad y juventud de Hiro le impiden comprender esto en su totalidad todavía.

Peca de temerario como consecuencia de la ausencia de trabas puestas en su camino, y su poca experiencia con el mundo todavía no le ha dado motivos para que esto cambie, aunque ya es consciente de la mortalidad y limitaciones naturales de los de su raza, por lo que tampoco puede llegar a resultar alguien suicida. Sí es inconsciente, pero no ridículo ni estúpido.

Cree poder salir airoso de prácticamente todo lo que se proponga, así que a menos que sea algo que de verdad le interese, apenas mueve un dedo para mantener todas esas cuestiones mundanas de las que se preocupa el resto. No es vago ni antisocial en realidad; gusta de tener compañía interesante a su alrededor de normal, entablar conversaciones agradables y dar y recibir un trato amigable de los demás. Además es capaz de mantenerse en activo en las tareas que le conciernen durante días, semanas e incluso periodos de tiempo más largo enteros cuando es necesario. El inconveniente es que, dada su extraordinaria inteligencia, no hay mucho ni muchos que consigan que su motivación se prolongue demasiado. Así pues, hasta ahora la vida de Hiro se había basado en vivir relajado haciendo nada de entre todo aquello que pueda calificarse como serio, sin relacionarse en exceso con las personas que vayan más allá de su pequeño círculo familiar.

Comprende y razona la teoría sobre el mundo, su naturaleza y sabe de la existencia del lado más oscuro y amargo de éste, pero padecerlo en la práctica es algo muy diferente. A pesar de ya haber experimentado una pérdida muy importante años atrás, la tragedia de sus padres consta de la época en la que uno apenas conserva recuerdos, así que su percepción sobre la muerte y la ausencia permanente de los que más quiere roza niveles básicos. Su mente todavía es muy frágil para aceptar y comprender estas cuestiones, y ésta es de hecho su mayor debilidad emocional. Puede amoldarse a casi cualquier estilo de vida gracias a sus recursos natos para salir adelante y mejorar todo lo perteneciente a los bienes materiales, pero la ruptura de algún elemento de aquello que su menudo círculo de su más grande afecto engloba sale del rango de sus capacidades y no está preparado para moverse en un terreno tan incómodo.

Como todo a su alrededor se le ha dado como hecho y resuelto desde un inicio, y debido a ese desconocimiento ante el fracaso o la pérdida definitiva ya mencionado, al igual que sucede con su rutina diaria y objetivos personales casi inexistentes hasta hace poco tiempo, Hiro desconoce el esfuerzo y razones por los que deba hacer saber a los suyos el valor que tienen para él. No es un gran detallista, ni se le verá trabajando para cuidar sus relaciones de normal, dado que para el chico todo es una cuestión natural y el que habléis a menudo y lleguéis a buen término ya significa que hay algo bueno entre ambos. No se dedicará a alabarte por tus logros, agradecer tus cuidados a todas horas o recompensarlos, pensar en tu futuro ni ayudarte por propia iniciativa —si necesitas algo también da por supuesto que lo pedirás, y en ese caso sí actuaría—, y suele estar más centrado en su propia burbuja y obrando por y para él mismo. Sin embargo, todo es culpa de su desinformación e ignorancia, pues en el fondo es alguien muy afectuoso y de buen corazón, que de perder a alguien importante o darse cuenta de su error haría cualquier cosa para recuperar a esa persona o ayudarla. Incluso su propia vida. Sólo alguien que lo conozca lo suficiente comprenderá que, aun cuando parezca que no se preocupa por él y que puede arreglárselas si no le tiene en su vida sin que esto repercuta de alguna manera, Hiro seguramente dependa y necesite de él más incluso que lo que suceda por la parte contraria.

Es, al fin y al cabo, casi un niño que necesita de los suyos como cualquier otro con una mente que, en ocasiones, le viene demasiado grande.

GUSTOS

( ●─● ) La robótica. Es el apartado del mundo con más aspectos por desarrollar y descubrir y, por tanto, el ámbito donde él tiene más que experimentar y jugar. Su verdadero potencial sale a relucir en este campo.
( ●─● ) Los androides. Tanto los fabricados en el pasado por su hermano como los que él mismo da vida.
( ●─● ) La tecnología. Esto incluye todos los aparatos que hacen uso de ella como los ordenadores, reproductores de música, televisiones o videojuegos.
( ●─● ) Ganar dinero. El dinero mueve al mundo después de todo y con él se pueden obtener toda clase de bienes materiales. Además sabe cómo ganarlo por métodos que él considera juegos y eso le divierte.
( ●─● ) Todo objeto, animal y elemento tangible o intangible que pueda resultar interesante, agradable, inteligente y/o divertido.
( ●─● ) Su familia. No se lo ha hecho saber mucho, pero los quiere muchísimo.
( ●─● ) Su hermano mayor. Lo considera un héroe además de familia.
( ●─● ) Los retos en el ámbito intelectual, siempre que tengan solución.
( ●─● ) Vivir siempre según sus propias elecciones.
( ●─● ) El manga y el cómic.
( ●─● ) Los superhéroes.
( ●─● ) Sentir la adrenalina de la velocidad, no importa el medio por el que conseguirlo mientras su cuerpo lo sienta. Ir en monopatín y montar en moto por ejemplo son dos opciones viables.
( ●─● ) La comida basura en general, sin excepción. Si acaso la pizza con piña sería el único alimento que no ingeriría con tanto entusiasmo.


DISGUSTOS

( ●п● ) Que traten de obligarlo a hacer algo que no quiere o que le impongan unas metas que él no desea.
( ●п● ) Todo acto o consecuencia negativo. Acepta peor los provocados a conciencia. Si seguimos esta lógica a Hiro le desagradan las personas que rompen la barrera entre el bien y el mal dañando a otros.
( ●п● ) Estar limitado por su cuerpo y habilidades humanas. Le gustaría poder realizar hazañas extraordinarias como las de los seres mágicos tales como volar o desplazarse a gran velocidad sin necesidad de hacer uso de un medio de transporte.
( ●п● ) Los retos que parecen imposibles en la era actual o para los humanos.
( ●п● ) Que su mente no responda cuando la necesite, sin importar en la situación o la presión que cargue.
( ●п● ) Perder lo que le importa.
( ●п● ) Las muestras de cariño familiar en público, le hacen sentir vergüenza como sucede con la gran mayoría de chicos de su edad.  
( ●п● ) La muerte de su hermano mayor. Ha sido el peor suceso de toda su vida.
( ●п● ) No haber valorado a su hermano como merecía y haber indagado hasta descubrir lo que él en realidad era y hacía hasta que no fue demasiado tarde. No puede perdonárselo.

DESCRIPCIÓN FÍSICA

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HISTORIA & EXTRAS


—Hiro, cariño...

Había pasado mucho tiempo desde la última vez que el chico había visto a su tía tan afectada. Tanto que ni él mismo era capaz de rememorarlo con imágenes o palabras nítidas. Su labio inferior apenas permanecía quieto un segundo y no parecía capaz de pronunciar una sola palabra entera de una. Lo más llamativo, no obstante, era su mirada. Su cerebro todavía tiene bloqueados estos momentos y a día de hoy no podría describir por más que se lo pidieran la expresión que la mujer portaba, pero en ese instante fue suficiente para transmitirle, sin necesidad de palabras, que ese día algo en su mundo, algo muy importante, iba a resquebrajarse para siempre.

—Tu hermano ha...

Sus oídos se negaron a escuchar nada más. No oiría nada a su alrededor. Nunca más. No escucharía mentiras. Porque eso es lo que su tía le estaba comunicando: una horrible patraña de muy mal gusto. Su hermano no podía estar muerto. ¡Era imposible! Su hermano nunca había hecho nada para merecer morir, ¡y era muy joven! No tenía ni veinte años, ¿por qué estaría muerto? ¿Por qué habría de perecer la persona que Hiro conocía más entregada a ayudar al resto de la humanidad? ¡Si siempre era él el que animaba a los demás para que nunca se rindieran! ¡Siempre depositaba su confianza y esperanza en que todo el mundo podía salir adelante! ...Incluso había confiado en él mismo. Lo había hecho cuando menos lo merecía, cuando nadie más hubiera apostado por él. Sin importar las veces que tuviera que salvarlo de sus propias acciones, su hermano siempre fue al rescate de Hiro. ¿¡Cómo podía haber muerto una persona así!? Eso era imposible. ¡Imposible! Su tía le estaba mintiendo, su hermano vivía y asumir lo contrario lo convertiría en un monstruo. ¿¡Cómo se sentiría su hermano si después de todo, el día que regresase a casa se encontrase con que el más pequeño había podido proseguir su vida como si nada a pesar de la idea de que él ya no estaba allí!? No podía hacerle algo así, y por lo tanto, jamás se creería la noticia de su muerte.

Y sin embargo...

Varios días después se celebró el entierro del más mayor de los Hamada. Hiro apenas habló durante o después de la ceremonia y quien trató de darle el pésame recibió respuestas austeras, ausentes. Para él nada de eso parecía ser real. Si le hubiesen dado a elegir hubiera hecho lo que consideraba correcto: esperar en su habitación, frente al ordenador o tumbado en la cama haciendo nada, a que su hermano regresase. No podía existir una vida donde él ya no estuviese.

Una semana después llegaron a su casa las pertenencias que su hermano había dejado en la universidad en la que estudiaba y en una pequeña sala en la que desarrollaba sus proyectos de carrera.

De no ser por la mujer que todavía se encargaba de limpiar la casa, todo aquello se hubiera cubierto de una gran capa de polvo, después de todo esas cajas pertenecían a otra persona, ¡abrir y rebuscar entre los objetos personales de alguien más era una falta de respeto! Y como tal, Hiro no dejaría que nadie lo perpetrara. No hasta que su hermano en persona volviese a casa y cogiera lo que por derecho era suyo.

Porque él iba a volver.

Para la tía de Hiro aquella situación no le era del todo nueva. Había lidiado ya con los que por entonces eran dos infantes en el momento en el que su hermana y su marido fallecieron debido a un accidente diez años atrás. Esos dos niños fueron acogidos con todo el amor que fue capaz de dar, y educados con todo lo que estuvo en su mano, aun cuando su modo de vida no fuera el más holgado y sus horarios compaginados con el pequeño restaurante familiar que regentaba no fueran los más apropiados para criar a dos niños sin la ayuda de una pareja estable o más familiares cerca de ellos. A pesar de todo, sus sobrinos pasaron a ser casi como hijos para ella conforme pasaban los años, y en muchas ocasiones sintió que quien debía estar agradecida era ella: dado que ambos eran superdotados y dos chicos de gran corazón habían sabido suplir por ellos mismos todo lo que la mujer no había sido capaz de proporcionarles. Habían formado una especie de familia que lejos de ser convencional, había sido feliz.

Decir adiós a su sobrino mayor no fue fácil, pero al igual que ocurrió con el suceso de su hermana, Ayumi antepuso al niño que todavía necesitaba crecer y apoyarse en su familia para salir adelante. No dejaría solo a Hiro.

Y así fue durante el tiempo en el que el menor permaneció aislado en el dormitorio que hasta ese entonces había compartido con el otro chico. Dejó de asistir a la universidad de la que había empezado a ser estudiante ese mismo curso, cortó todo contacto con los compañeros que trataban de hablarle y sacarle de ese auto-confinamiento, y hasta conseguir que comiera un plato sencillo en condiciones se tornó un reto con un alto rango de dificultad.

No es de extrañar que el día en que vio al joven corriendo a toda velocidad en dirección a la calle se diera tal susto que llegase a pensar que estaba viendo un espejismo.

Ella no sabía, y a estas alturas todavía hay mucho de esto que se le escapa del entendimiento, el hallazgo con el que el más pequeño se había topado por accidente unos minutos atrás. Como una patada propinada en un momento de frustración con el impulso equivocado había acabado impactando en una de las cajas de su hermano y desperdigando todo su contenido por el suelo. Tampoco sabía de la existencia de aquellos diarios escritos por el puño de su sobrino primogénito, ni de la bitácoras de trabajo que Hiro acababa de leer con bocetos de lo que parecían ser humanos robotizados por doquier, y notas y fórmulas imposibles que, cuanto más se miraban, más sentido cobraban. Por último, y no menos importante, tampoco sabía, y de haberlo hecho quizás no hubiera dejado que el muchacho fuera allí sin más, de la llave que se encontraba entre sus hojas. Una pequeña llave plateada perteneciente a un bloque de almacenes que había a las afueras de Tokyo, en la zona de los polígonos industriales.

¿Que qué había allí?

Incluso con la experiencia del joven en el mundo de la robótica, terreno en el que llevaba tonteando desde su más tierna infancia y del que poseía más conocimiento que muchos doctorados en la materia, Hiro cayó, literalmente, de culo al abrir ese almacén un par de horas más tarde.

Decenas de robots con forma humanoide reposaban en estado de hibernación por toda la estancia, colocados de una forma bastante precisa en diferentes filas. El diseño de una buena parte de ellos parecía tan real que de no ser el experto que era sus sentidos hubieran caído en el engaño y los hubiera confundido con personas de verdad. Para cuando terminó la revisión exhaustiva pertinente que todo amante de la robótica haría ante semejante descubrimiento pudo confirmar que, en efecto, todos los seres que allí se encontraban eran totalmente artificiales.

Y si te preguntas si logró despertarlos, es que todavía no conoces en absoluto cómo es este chico.

Le tomó un par de semanas asumir el genio que había tenido a su lado durante todo este tiempo, el proyecto en el que su hermano se había metido años atrás y estaba desarrollando. ¡Su hermano, aquel chico despreocupado que siempre lo estaba sacando de líos y hacía ver que llevaba una vida normal, era de hecho la persona más inteligente que había conocido en toda su vida!

La patente aún no tenía nombre, y la verdad es que visto la magnitud de aquello, a Hiro no le extrañó, ¿cómo podía llamarse a la idea de dar vida casi humana gracias a la robótica de todos modos?

Cuanto más ahondaba en detalles, más se fascinaba. Supo gracias al minucioso proceso de investigación que el más mayor había ido documentando con pulcritud y sin escatimar en recursos tanto escritos como gráficos que los androides que había encontrado en el almacén aquel día pertenecían a diferentes gamas denominadas Beta y Delta, y que aquel había sido prácticamente todo el trabajo que se había dedicado a hacer desde que ingresó a la universidad tres años antes.

También averiguó que la verdadera finalidad de su plan nunca pudo ver la luz: la serie de androides definitivos que serían capaces de devolver a la humanidad la mejor e irreemplazable compañía posible.

"Porque tener a nuestro alcance el crear lazos seguros e irrompibles con los demás y dejar de vivir con miedo nos hará una sociedad mucho más feliz, ¿verdad?"—finalizaba su hermano con palabras propias en uno de los vídeos. Hiro nunca vio aquella escena de verdad, pero no hizo falta para ver más allá de lo que se decía y estar seguro con verle en ese fragmento de que el otro había puesto toda su ilusión y sus sueños en esta idea. Que creía en su valor tanto como en su propia vida.

Todo aquello era una locura, ¿pero sabéis qué? A Hiro le gustaban las locuras. ¡Lo haría! Retomaría el proyecto de su hermano, y sin importar lo que le costase, lo sacaría adelante.

La parte más complicada consistió en vender alguno de los androides ya construidos para obtener fondos, pues aún cuando el tema de los Pets parecía tener mucho éxito, al menos en su país, la gente se tornaba desconfiada cuando se les mostraba que serían robots lo que adquirirían en lugar de animales transformados. Parecían tener miedo de que la tecnología avanzase demasiado y todo el tema de los robots se tornara en su contra algún día. Para Hiro no tenía ninguna lógica, y no veía la causa de que se recelasen más de un sistema programado con precisión y un índice de fallos de prácticamente el 0% que de lo que en su día eran animales salvajes depredadores carnívoros a lo que lo único que habían modificado era la apariencia, pero nada de esto lo echaría atrás.

Su tiempo para el ocio y el divertimento en general se vio disminuido de forma drástica desde el momento en el se metió de lleno en el proyecto "80941" con el legado de su hermano como base, y los ratos en los que se permitió retomar alguna de sus actividades habituales del pasado se limitaron a meterse en apuestas ilegales con robots implicados en las que ya se movía como un experto para ganar más dinero en los momentos en los que éste escaseaba.

Necesitó cerca de tres meses para ser capaz de crear su primer androide Delta viable y reproducir los registros de su hermano por completo debido a su dificultad, y cerca de otro mes más para adelantar hasta el punto en el que el más grande se había quedado estancado. Y ahí, fue cuando empezó su auténtico desafío.

Nunca parecía haber suficiente dinero por más que sus ganancias constaran de varios millones de yenes mensuales, y los días se le hacían demasiado cortos. ¡Veinticuatro horas a repartir entre el trabajo y las necesidades básicas del cuerpo no eran nada! No cuando se lleva entre manos lo que podría ser el cambio definitivo para el planeta y cuentas con un tiempo tan limitado como el que la raza humana para mostrar al mundo lo que su hermano quería regalarle a todos ellos.

Su reclusión fue todavía más grave que la realizada en la temporada en la que aún esperaba que el mayor de los Hamada regresase, y si antes ya resultaba inaccesible, ahora con suerte te permitía escuchar su voz cuando le hacías una pregunta durante un par de segundos. Su respuesta más habitual constaba de un "Uhm...", antes de que te diera la espalda y prosiguiese con sus asuntos. Su cerebro nunca procesó que en esa época alguien hubiera tratado de comunicarse ni una sola vez con él, y en sus memorias jamás localizaría evidencias que contradijesen a este hecho.

Y el día, aquel por el que se había mantenido vivo desde que había destapado la verdad sobre su hermano, llegó. La fecha exacta no importaba, pues a esas alturas no vivía ya por él ni eran sus logros los que de verdad tenían algún significado, pero jamás olvidaría el segundo exacto en el que el primer androide Omega abrió los ojos y vivió.

El mayor evento de la humanidad a su parecer acababa de suceder, en exclusiva para él. El trabajo de su hermano por fin se había completado, y su nombre aparecería en los libros de historia para la posteridad, seguro, justo al lado de la palabra héroe. O así debería haber sucedido de no ser por el terrible fallo que se presentó un par de minutos después, cuando realizaba un examen todavía superficial en el sujeto.

Los androides Omega deberían haber despertado como entes con recuerdos y personalidad propia, esto era una parte fundamental de la idea por la que tanto había luchado su pariente ya fallecido, pero éste no era el caso. El androide que tenía delante era un recipiente vacío, sin nada que aportar como la persona individual e independiente que se supone que debería ser. Cumplía las funciones vitales del cuerpo humano a la perfección por sí mismo, pero esa era toda la semejanza con cualquier persona de verdad.

El apartado teórico sobre cómo dar vida a estos androides estaba perfecto, y así lo confirmó en los cientos de revisiones que recibieron cada una de las fórmulas más adelante, pero al parecer todavía no había acabado con el trabajo. No tenía ni idea de cómo resolver este problema, pues el error parecía escaparse de las manos de cualquier programación o sistema informatizado, pero ya había llegado muy lejos. ¿De verdad crees que podía detenerse aquí? ¡Ni en sueños!

El fruto de su éxito que no acababa siendo regalado decidió hacerlo formar parte de una instrucción con la finalidad de otorgarles personalidades diferentes entre sí, con ayuda de personal especializado y expertos que le enseñaran a conseguirlo por él mismo, y de paso, confeccionar algunas mejoras en ellos para ganar más atraccion de cara al público. Mientras no fueran lo esperado, aquellos androides se convertirían en casi la mejor compañía posible para aquel que la requiriese, ya fuera personal o de protección. Eso es lo que su hermano hubiera querido. Siempre por el bien de la humanidad.

Dado el notorio avance que estos nuevos cuerpos presentaban con respecto a los androides de gama más baja, la diversidad de caracteres y funciones que eran capaces de desempeñar, y la indudable similitud ya fuera en el apartado físico que poseían, los beneficios que obtenía con la venta de cada uno aumentaron en proporciones exorbitantes, aunque de este dinero Hiro y su tía apenas pudieran disfrutar y la mejora de su rutina no se percibiera más allá de haber ayudado a que la mujer no se viera en la obligación de trabajar gran parte del día para mantenerlos. Las ganancias monetarias no eran una meta en ese plan, y mientras tuviera el objetivo real sin cumplir, las emplearía sólo como camino para seguir avanzando.

Los novedosos entes robotizados se contaban por decenas en cuestión de semanas, y el mercado por fin abrió un poco más las puertas al mayor éxito de la familia Hamada, pero llegados a este punto eso le parecía insuficiente. Estaba muy cerca. ¡Seguro que existía algún modo de que las ventas creciesen sin que él tuviera que apartarse de su investigación!

Buscó una solución a esta contrariedad cada vez más molesta, y a través de varias fuentes de internet llegó a su conocimiento un lugar: la isla de Loving Pets. Aunque ya se le había hecho estudiar este sitio hacía varios años en la asignatura de geografía cuando ésta fue instaurada como nuevo país nunca le prestó mucha atención, pues todo lo concerniente a los Pets lo había dejado indiferente desde que supo de niño acerca su existencia. Los animales con apariencia humana no podía considerarlos un avance en el campo científico; no aportaban ninguna mejora innovadora a la vida de nadie ni al planeta en sí en general, y si acaso esa situación era poco más que la creación de algo parecido a los antiguos esclavos pero con condiciones más ornamentadas y ligeramente superiores.

Las estadísticas mostraban con claridad que, si bien todo lo relacionado con estos animales empezaba a tener aceptación global en un gran número de naciones desarrolladas a causa de la globalización, era aquí donde más ventas se realizaban a diario por mucho. Los datos no le sorprendieron; el porcentaje de habitantes de esa zona que no apreciase la idea de los Pets sería casi nulo dada la naturaleza de la isla y el nombre incluso, pero sí fueron reveladores para sus intereses. Tener al mayor público posible dispuesto a darle una oportunidad a las novedades planteadas con la tecnología actual, sin importar la moralidad que ésta implicase, era justo lo que necesitaba. Si quería que su producto tuviera más clientes debía implantar allí su negocio.

Le planteó su lógica a la mujer que todavía lo cuidaba y, aunque tuvo que desvelar más sobre sus razones de lo esperado, terminó por convencerla.

Supo que el único modo de llegar allí era mediante barco, por lo que alquiló uno de los navíos que marcaban Loving Pets como trayecto para él, su tía, y todos los androides que en ese momento quedaban sin vender, y todos pusieron rumbo al punto en el que Hiro Hamada estaba seguro que cosecharía el éxito que su hermano se había ganado de una vez.

Por fin, dejaría a su hermano como el héroe que era. El mundo lo admiraría y querría...tal y como él lo hacía.

Toda esta historia sucedió año y medio atrás, cuando el chico acababa de cumplir trece años, y aunque todavía no ha logrado desentrañar el misterio que lo detiene ante las puertas de la victoria definitiva, está seguro de que cada día le falta menos para conseguirlo.

¿Quieres saber qué es y cómo funciona el proyecto en realidad con más detalles? ¿Cómo se les da la vida? ¿Los materiales que Hiro necesitó para que los androides Omega pudieran existir? ¿Por qué llegó a regalar alguno de estos seres en los que tanto tiempo y dinero empleó para su elaboración? ¿Cuál es la gran diferencia existente entre las distintas gamas y cómo consiguió que su producto final sea como es? Todo esto no forma parte de la historia y éste no es el lugar para contártelo. Si te has quedado con curiosidad quizás deberías preguntárselo al mismo Hiro en persona y, con suerte, alguna de estas incógnitas podría quedar respondida.

"Qué, no está nada mal para un chico normal de catorce años, ¿eh? Y eso que lo mejor aún está por llegar."

EXTRAS


—El hermano de Hiro no murió por accidente, aunque este hecho no se haya revelado nunca a nadie. Si en algún momento se llegase a descubrir un indicio del asesinato que tuvo lugar aquel día es posible que el menor cambie de prioridades y trate de encontrar al culpable y vengarlo por encima de todo.

—Evita hacer alusión a su nombre de pila cuando se presenta a los demás con motivos de su ocupación. Quiere darle todo el reconocimiento posible a su hermano, por lo que suele hacer más uso de su apellido compartido.

—Para generar más confianza a la clientela y dejar a su tienda mejor adaptada al sitio escogido, Hiro decidió ponerle de una vez nombre a la patente del mayor, aunque no se esperaba el hecho de que éste había dejado los derechos compartidos para ambos en los registros desde un inicio y no verse en la necesidad de tener que hacer un gran papeleo para obtenerlos. El proyecto nº 80941 pasó a llamarse "Loving Droids".

—Sigue viviendo con su tía y su gato, y por acuerdo de ambos todavía viven sobre un restaurante modesto que ella se empeña en dirigir como lo hacía con el anterior.

—Tiene un pequeño robot que usa como defensa en caso de verse en peligro. No tiene conciencia propia ni está programado como tal, pues es en realidad el primer logro que Hiro consiguió de este campo tiempo atrás y su mecanismo en comparación con todo lo relacionado con los androides es muy básico. Lo mantiene junto a él por motivos personales. Es un ser artificial de acero de veintitrés centímetros de altura y funciona con control remoto con un radio de quince metros de distancia. Si por algún motivo esa distancia aumentara el dispositivo dejaría de poder moverse de inmediato.
Su apariencia en su modo de reposo es [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]. Cuando se prepara para atacar —para defender a su dueño o motivos que nunca impliquen dañar a ningún ser vivo sin razón— gira la esfera de su rostro de forma que parece que su expresión haya cambiado. Su cara en el tiempo que permanece combatiendo es [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo].

Cada parte de su cuerpo puede separarse entre sí y volver a juntarse a su antojo por magnetismo. En su interior esconde un par de cuchillas circulares fabricadas con el mismo material que el resto de la máquina de diez centímetros de diámetro que saca cuando Hiro las activa en el lugar donde deberían haber manos y las puede hacer girar para cortar con ellas a gran velocidad. Para que esto funcione el todas las partes del cuerpo deben permanecer unidas, pues la prioridad del artilugio cuando quede separado será volver a unirse y lograr un movimiento óptimo.

Su función es el de la mera protección. No le es posible realizar ninguna otra tarea más allá de moverse bajo las órdenes del mando y hacer uso de las hojas cortantes, por lo que no puede considerarse nada más que una especie de juguete peligroso.
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Re: —Hero. | H. Hamada.

Mensaje por Invitado el Mar Ene 27, 2015 7:50 pm


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