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Crónica II - Los fundadores

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Re: Crónica II - Los fundadores

Mensaje por Aether el Lun Abr 04, 2016 11:48 pm

Haru escribió:A diferencia de la crónica anterior, este relato fue tomado de una una entrevista al pet de la fundadora de la ciudad, Miku. Hemos editado el relato oral para que su lectura sea más amena, aunque el texto refleja exactamente lo que el entrevistado cuenta.

______________________________


Miku Prester Wells
Inauguración de la isla
Me desperté en un catre, todavía con mucho sueño. Me sentía mareado, y sobre todo cansado, como si hubiese corrido hasta recién. Arriba mío había otro catre, y supuse que debajo también. Del otro lado de la habitación -Supuse que era una habitación- había una pequeña ventana circular, y por ella entraba apenas luz blanquecina de la luna. Traté de asomarme para ver el piso debajo mío, pero la habitación se sacudió con fuerza, haciéndome caer al piso de madera. Dónde me encontraba parecía un gran depósito, lleno de catres con gente durmiendo. De algunas camas salían colas que se retorcían entre sueños. No tenía idea de dónde estaba, qué hacía ahí, ni de quién era. Un hombre en una esquina del cuarto que dormitaba hasta mi caída me miró de soslayo y bajó la bufanda que le tapaba la boca. "Vuelve a la cama chiquillo". Nuevamente la habitación se sacudió. Hice caso omiso al viejo, que volvió a dormirse en seguida, y me acerqué a la ventana circular. Pude ver agua moviéndose afuera, y las estrellas. A lo lejos se veían montañas blancas, que podrían haber sido témpanos de hielo. Un barco. Ahí es dónde yo estaba.
El frío me hizo retroceder y volver al catre. Miraba mis manos con curiosidad, sobresaliendo del pesado pijama que tenía puesto. Sabía cómo me veía. Extrañamente sabía cuál era mi nombre, pero no sabía quién era. No tenía recuerdos, pero sabía cosas. Entre esos pensamientos volví a quedarme dormido.

[...]

Finalmente allí estábamos todos. Bien parados en fila frente a un edificio esplendoroso. Algunos nos veíamos como humanos, otros tenían orejas de animal, colas, alas incluso... pero sabíamos que no éramos como ellos. Recuerdo que los flashes de las cámaras fotográficas nos dejaban ciegos, y una chica con cola de mapache se cayó del mareo.
Justo frente a nosotros estaba un mujer de cabello celeste. Muchos rostros y siluetas me eran conocidos, pero podía jurar que a esa chica no la había visto jamás.
"Las barreras de lo posible se extendieron con los descubrimientos de mi abuelo. Hoy se extienden con esta gloriosa ciudad. Queda oficialmente abierta la ciudad de Loving Pets, donde los sueños pueden ser cumplidos." escuchaba por los alto-parlantes detrás de nosotros. Algunos pets tenían que taparse los oídos por el volumen increíblemente alto. Al terminar el discurso aquella chica, una multitud delante de ella aplaudió con fervor. Nosotros también aplaudimos, aunque no sabíamos de qué hablaba.
En el cielo se veían dirigibles flotando que dejaban caer confetti celeste, y en inmensas pantallas en varios edificios se mostraba a la chica sonriéndo y haciendo reverencias como si fuese un director de orquesta luego de una sinfonía perfectamente reproducida. "Miku Prester Wells" decía el cartel debajo de su rostro en inmensas letras rojas. Fue la primera vez que vi el logo de KekoTV, el canal de televisión de la isla.

[...]

Nos llevaron al interior del edificio. Todo tenía aroma a nuevo. Pantallas que pasaban imágenes de gente abrazando pets, estatuas de hombres y mujeres esbeltos y altos con cola u orejas de animal, hasta había diagramas en las paredes que explicaban lo que los pets eran, con respuestas a las dudas más frecuentes como "¿Puede un pet dejarme embarazada?". El ambiente era increíblemente incómodo.
Finalmente nos mostraron el comedor, gimnasio y patio del edificio, y nos llevaron a nuestras habitaciones. Había de una cama y de hasta cuatro. Los pets más pequeños solían ser puestos en las de cuatro. A mi me pusieron en una de dos camas, junto a un chico bastante más alto que yo. Nunca hablamos, desde que entramos nos sentamos en nuestras respectivas camas en silencio, sólo pensando en lo que estaba pasando.
Esa misma tarde tocaron la puerta de mi habitación. Un hombre de traje colorido con una sonrisa estúpida entró, era uno de los vendedores de la tienda, y seguido a él la chica de pelo azul, Miku. Ésta me señaló pensativa, y el otro me tomó de la mano, obligándome a caminar junto a ellos hasta la recepción.
Luego de unos minutos, la chica, bastante más alta que yo también, me tomó de la mano, y me hizo caminar hasta la entrada de la tienda. "¡Sonríe!" escuché antes de que las puertas se abrieran. Nuevamente los flashes empezaron a dispararse de todos lados. Las pantallas en los edificios decían "Primer pet vendido. El emporio de Loving Pets queda oficialmente inaugurado." y nos mostraban a Miku y a mi caminando. Ella saludando, yo mirando a todos lados. Entramos a una limusina, y por la ventanilla vi cómo una inmensa multitud se abalanzaba hacia el interior de la tienda, para comprar sus nuevos pets. La chica de pelo azul no me habló en todo el viaje. En el coche había varias personas, gente de traje negro y corbata, hablando por sus teléfonos celulares.

[...]

Finalmente llegamos a destino. Era una gran mansión en las afueras de la ciudad, rodeada por bosque y con vista a un lago. Miku y las demás personas se bajaron ignorándome, y dejándome a solas en el carro. Siendo sincero tenía bastante miedo, creo que tenía doce o trece años entonces.
Una mujer con vestido de empleada doméstica se acercó y me llevó de la mano al interior de la gran casa. Pasamos primero por la recepción, y luego por una sala llena de sillones y una inmensa chimenea. Me ordenó quedarme sentado en uno de los sillones, y eso hice. Del otro lado de la sala estaba Miku, sentada frente a la chimenea, leyendo unas hojas que tenía en su regazo. En uno de los sillones estaba un hombre fumando. Tenía también el cabello azul. Un televisor estaba encendido a un lado, pero ninguno de los dos lo miraba, sólo se oía el murmullo de los presentadores e imágenes de la ciudad y de la inauguración que iban circulando.
"¿Qué tal lo hice?" preguntó la chica, que parecía haber estado buen rato dudando si hacer aquella pregunta o no. "Perfecto. Te espera un gran futuro como actriz, Miku. Lionel se pondrá muy feliz con esto, te lo aseguro." le respondió el hombre. Se notó una pequeña sonrisa en el rostro de ambos. "Espero que podamos verlo pronto... Aunque casi todo lo que necesito saber está en este libreto" comentó la chica dejando luego escapar un suspiro. El mayor apagó el cigarrillo en una mesita ratona, y se fue de la habitación, parecía molesto por algo.

Luego de eso, pasaron semanas sin ver a ninguno de los dos, y cuando venían, sólo estaban unas horas, o recibían gente. Hacían fiestas al menos mes por medio, en las que me vestían con algún disfraz ridículo y me hacían saludar una multitud de desconocidos. La mansión luego de eso era totalmente solitaria. No parecía que nadie más que los sirvientes, mayordomos y yo viviéramos ahí. Lo que me desesperaba era no saber nada, el no poder hablar con nadie, el estar encerrado en ese lugar.

Recuerdo un día en el que veía la televisión en la cocina (Pues no me dejaban entrar a ver el de la sala, supuestamente porque rompería o ensuciaría algo). En las noticias mostraban las fotos de aquel primer día de la isla, y el título decía "¿Dónde está Miku? " y los presentadores diciendo que probablemente hubiese muerto. Una de las mucamas lo vio, y comenzó a llorar. Empezaron a decir que nos dejarían a todos en la calle. A mi me daba más que nada curiosidad. Desde esa vez me dejaron salir cuando quisiera de la mansión. Quise aprovechar entonces para tratar de averiguar yo mismo qué sucedía. Podía ser el momento de responder todas las preguntas que siempre me habían dado vueltas.
Aether
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